La Perla de la Identidad

Hacia una Memoria-Vincular

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“Momentos en los que se llega al borde de la sensibilidad se quedan grabados en los diferentes planos, sobre todo en los circuitos en los que vinculamos afectivamente nuestros recuerdos sutiles al campo de nuestro planeta Tierra.”

Hace un par de meses, a finales de marzo de éste afamado año 2016, tuve que viajar a Argentina debido a la muerte de mi muy querida abuela, Dora.
Unos días antes de viajar, mi tía Mariel me hizo notar que me tocaría estar en Argentina el 24 de marzo, aniversario del golpe de estado que dio comienzo a una intensa dictadura militar que ha marcado mucho a nuestras familias.
Éste año era particular, se cumplían 40 años desde ése punto en el Tiempo. El 40 es particular… algo se asienta (¿Se cierra o se abre? ¿O las dos?), se hace más de la Tierra, quizás…Diez veces cuatro me parece una repetición interesante.
Qué se asentó y a dónde, no retengo la menor idea, lo que si se es que desde que Mariel me dijo éso no pude dejar de pensar en un lugar, un punto físico: La Perla.
La Perla, un espacio ubicado en un hermoso terreno a las afueras de la Provincia de Córdoba, fue utilizado como Centro Clandestino de Detención desde el año 1975 al 1979 (cuatros años aproximadamente). Por allí pasaron alrededor de 3000 personas detenidas; humanos, individuos, que experimentaron y fueron sometidos a distintos tipos de torturas, maltratos y quién puede saber qué gama de otras tantas experiencias. Lo mismo se podría decir, para buenos entendedores, de las personas sostuvieron el campo activo.
Los espacios físicos sin duda guardan su memoria.
Éso me quedó claro en la India: lo contundente de su campo energético no reside en el concepto espiritual sino en la continua repetición de los actos ceremoniales, que significa para la Real Academia “dicho de hacer algo con todo el aparato y solemnidad que le corresponde”. Es lo que les permite a los indúes ponerse creativos y pintarle un tercer ojo al aire acondicionado.
Lo sutil, destinado a manifestarse, deja su huella invitable y constante en la materialidad: en los lugares, en los cuerpos, en los objetos, en los suelos…y éstos reponden como un espejo, devolviéndole su luz y su sombra a lo sutil. Como diciendo: “Así se ve desde aquí. Así se va escribiendo ésta historia del Tiempo en el telar de la araña.”
La primera vez que pisé La Perla sentí una sensación que me partía en dos o en varias.
Cuando entramos al terreno, por lo menos siete años atrás, me maravillé de las arboledas y la luz amarilla del otoño; siempre he admirado el campo y recuerdo el alivio que fue salir unas horas del cemento de la escuela y el barrio.
Caminamos un tramo por un camino de terracería, yo estaba contenta. Despues de unos años de secundaria en Argentina ya me sentía en familia con mis compañeros y profesores. Hacía ya un buen tiempo que colaborábamos juntos en la Comisión de la Memoria de nuestra escuela. Al vernos andar me sentí, por un momento, peregrinando en una procesión en algún pueblito mexicano. Lo nuestro también era una ceremonia.
Después, el gris del antigüo establecimiento militar me recordó la huella de la más reciente magia humana que se había realizado allí, representando brillantemente a las fuerzas conservadoras de la Era pasada, tan angulosas. Institucionales.
Sin Invierno no llega la Primavera.
Los chicos de HIJOS (1) recientemente habían recuperado el espacio físico (antigüamente perteneciente al Tercer Cuerpo del Ejército). El lugar me pareció enorme, sin duda un gran cuerpo con varias heridas abiertas que cicatrizar.
A primera vista no pude evitar imaginar las potenciales aulas y escenarios de nuestras nuevas (l)ocurrencias allí. Imaginé conciertos, talleres y huertos…y luego, una vez adentro, mi corazón se paró en seco. Alguien (¿Emi Fessia? ¿Gustavo?) nos guiaba por el lugar pero yo ya no lo escuchaba. Mis sentidos dejaban de percibir palabras e imaginar teatrinos de arcoiris, para expandirse en el Tiempo del lugar.
Aún habían viejas herramientas oxidadas que horrorizaban. Y en los pasillos, muchas personas esperando en otros planos a recuperar su reflejo de luz para llevárselos muy lejos.
Momentos en los que se llega al borde de la sensibilidad se quedan grabados en los diferentes planos, sobre todo en los circuitos en los que vinculamos afectivamente nuestros recuerdos sutiles al campo de nuestro planeta Tierra.
Nuestra ancla y nuestra brújula hablan a través de lo que atrae (gravitacionalmente) a nuestros sentidos.
Dice Eugenio Carutti, hablando de la memoria lunar (afectiva): “(…) Su función específica es, precisamente, proporcionar la sustancia capaz de retener la marca, repitiéndola hasta que quede establecida una forma o patrón. Ésto ocurre, por ejemplo, en la piel, donde, superado cierto umbral de estímulo externo, queda la cicatriz; o en la ostra, suave y vulnerable, recubierta por un caparazón casi pétreo, que al ser herida segrega automáticamente su propia sustancia sobre la laceración, dando origen a la perla”. (2)
Para que se forme la Perla de la Identidad (nuestro tan valorado desarrollo de la individualidad) es necesario, o por lo menos lo ha sido, sentirnos protegidos, para éso necesitamos, primero, sentirnos amenazados. Separarnos de lo peligroso.
La percepción del Tiempo lineal y de que nos “acabamos” son la perfecta justificación para gestar éso único que venimos a compartir en 3-D, éso que solamente cada uno y cada una puede canalizar.
Militares, Militantes, Hombres, Mujeres, Putos, Panaderos, Artistas, Esquizfrénicos, Empresarios: creemos que la clave está en dividirnos, etiquetarnos y protegernos del resto… ¡Que vivencia tan paranóica de la Tierra!
El tema es que para cada uno de “nosotros” la información nueva, condensada en un presente único, no se encuentra en nuestra individualidad aislada por un plástico protector, ése, justamente es el puntito del mapa (los zapatos) que ya conocemos. ¿Para qué protegerse para gestar algo si no lo vamos a compartir?
Tampoco la información nueva proviene del “otro” puntito que está en frente: si no hay una conexión entre ambos no hay movimiento, no hay un trasladarse. El vínculo que se genera entre los dos es lo que teje el Tiempo y el Espacio y es, sólo por un instante, lo Nuevo, la Novedad, la Ruptura del cascarón hacia el nuevo ciclo de manifestación y muerte.
Llevo varios meses trantando de concluir éste artículo y no lo había conseguido. Entre que empecé a escribirlo y hoy pasaron: una ceremonia de equinoccio de Primavera, un infierno en el aeropuerto de Miami, días de pasar la noche en distintos medios de transporte, una marcha multitudinaria, amores, divas, un solsticio de verano y muchos, muchísimos, más detalles. Sin embargo, no pude dejar de pensar en él. La clave en ésta tendencia de querer cerrar, conservar y concluir algo, me reveló la perenne conclusión a la que quería llegar:
Me preguntaba cuál es la necesidad identitaria de la acumulación de recuerdos…¿Porqué elegir ciertas memorias como pilares o referentes de una historia y otras no?.
Si los recuerdos no están existiendo en éste preciso instante y, además, nos remiten a circuitos calcificados de pensamiento –y patrones conocidos de comportamiento-, ¿Porqué, entonces, poner atención a la Memoria me conectó tan estrechamente con algo tan amoroso, tan espiritual, tan dificil de nombrar y sobre todo, con aires tan nuevos?
En mi viaje hacia Córdoba hice una parada obligatoria en una ciudad, precisamente, llamada “Concordia” (Unión con Corazón). Allí me recibió amorosamente una madrina de la infancia, Ana María.
Tomando una cerveza junto al río que divide Argentina de Uruguay, le conté que estaba escribiendo sobre la Perla y los vínculos. Me sorprendió enormememnte que me respondiera que Eduardo Porta (un gran amor y padre de su hija), había pasado preso varios años allí durante la dictadura.
De regreso, en su casa, me leyó un relato que él escribió en ésos tiempos. Se llama “La maternidad de Lila” y cuenta la historia de una perra que los visitaba en el galpón donde pasaban los días con los ojos vendados sobre colchones de paja. Lila los acompañaba y él la acompañó a ella en su parto, arriesgando su vida para ello.
De todos los recuerdos de ése lugar, ése era uno significativo para Eduardo. Porque vinculaba, unía, porque el énfasis no estaba puesto ni en el uno ni en la otra, sino en lo que simplemente sucedía, en lo que los mantenía a ambos unidos, en el amor. El corazón de Eduardo se detuvo años después de salir de la cárcel…también se llevó con él memorias eléctricas de conciencias que se creían separadas, distintas.
Tanta dureza, tanto desarrollo de nuestro cerebro de supervivencia, del blanco y el negro, sin duda han dejado ésa marca en todas nuestras conciencias, como un río que surca profundo o como el fracking, más bien.
Preservar la identidad de uno es fundamental cuando uno cree que sólo es identidad.
Las identidades que resultan de éstos patrones, de éstas cicatrices, nos separan y son una repetición de algo que, como sociedad, ya experimentamos en demasía: allá están los otros y aquí toca la banda.
Muchas veces he oído en las lecturas de Registros Akáshicos que hago que es muy difícil dar significado e integrar todo un proceso de aprendizaje si lo seguimos repitiendo incesantemente: hay coordenadas de Tiempo-Espacio para vivir determinados procesos. Ésto es así porque el tejido energético de ésas coordenadas facilitan la aparición de hechos, lugares, personas, magnetismos, eras, que constituyen el río por donde fluyen mejor determinadas experiencias.
2016 es un año muy importante en cuanto a la purificación de nuestras experiencias. En lo individual, estamos seleccionando, más o menos conscientemente, cuáles de ésas experiencias que se vienen repitiendo queremos perpetuar y cuáles se irán para dar lugar a otras nuevas. En lo colectivo, estamos viviendo una crisis estructural de creencias, de gobernantes, de grandes movimientos de poblaciones y de Fe…¿Qué queremos y Qué no queremos? Después de tanta repetición…¿Cuál es nuestra sagrada selección?
De repente, pareciera que la Era pasada se recrudece, y se aferra con garras y dientes al presente. Yo siento que se está tratando de despedir lo más claramente posible (dentro del tipo de claridad que pueda tener piscis) para darnos tiempo de honrarla y acomodarla en nuestra memoria…una memoria en búsqueda de vincular y no de repetir.
Eso, a mi, me da mucha esperanza.

Tamara Ciriza

(1) (Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio), agrupación de Derechos Humanos formada por los hijos/as de desaparecidos/as en la última dictadura militar Argentina.
(2) Carutti, Eugenio. Las lunas: el refugio de la memoria. 1a ed. 9a reimp. Ciudad A. de BSAS: Kier, 2015.
Foto: La Voz del Interior
Ex Centro Clandestino de Detención, hoy Espacio de Memoria.
Arte gráfico: Elizabeth Miranda