Justify my Life 2017

June 20, 2017

En los últimos meses he tratado de sentarme a escribir algo que ordene el tsunami de vida que se ha levantado imponente y, para variar:

nada ha sido como esperaba.

Después de éstos desmanteladores meses encuentro poco sentido a sentarme a escribir y tratar de describir algo que ya pasó,

me siento porque tengo ganas de compartir y nada más…

El porqué siempre esta de más, ¿No les parece?

Me he encontrado, constantemente, viviendo una nueva y descolocadora forma de estar aquí.

Me veo viviendo situaciones parecidas a esos sueños en los que te encuentras desnuda frente al colegio entero, sintiéndome totalmente expuesta.

Una incómoda sensación de no poder mentirme más.

Al principio me molestaba mucho ver crudamente el patrón bajo el cual vivía la vida. Verme tan limitada y tan mentirosa, repitiendo una y otra vez la misma manera de señalar lo que ocurre y mandarlo a uno u otro cajoncito de mi cabeza.

Cajones con la forma y medida perfecta para alojar con lujos a una víctima de su propio destino, eso si, una víctima que vive, como diría Liz Greene “en un alto y noble domicilio”.

Creí que iba a a ocupar mi lugar cuando pudiera nombrarlo.

Creí que los vínculos entre dos personas eran definibles: Si hacemos esto, pues seguro somos esto…Y me olvidé por completo del amor que hay en el presente, que es innombrable y omnipresente.

Creí, en un comienzo, que haberme visto allí era lo más doloroso:

¿A Quién le gusta verse en un lugar en donde cree ya no estar, viviendo bajo unas reglas que parecían obsoletas hace mucho tiempo y que se han filtrado como goteras hasta el presente?

Era tan fuerte como insoportable el juicio de encontrarme repitiendo una y otra vez lo mismo: manipulando, no poniendo límites o limitándome en demasía, buscando siempre la quinta pata al gato para sentirme no querida, etcétera , etcétera, etcétera…

…tantos etcéteras como resistencias a la vida misma.

Y después de haberse una visto enroscada en la repetición inerte, regresiva, automática y aburrida de un patrón fantasma…

¿Quién diría que una no “cambie” instantáneamente?

¡¿Cómo me atrevía a seguirme haciendo daño de ésa manera ridícula?!

¿Qué tipo de necedad era la mía que no cedía ante lo evidente?

Poco, a poco, por el propio peso de mis “evolucionados” y “refinados” reclamos a mi misma, comencé a darme cuenta en donde residía la raíz madre de todos ésos patrones de comportamiento que a mi parecer eran tan “inaceptables”.

Voy a desnudar para ustedes a ésa raíz en la manera que se deje.

Primero me gustaría hablar un poquito de la formación de los Patrones de Pensamiento:

esas maneras de pensar que rigen nuestra manera de generar experiencias.

Si rastreamos un poquito la etimología de la palabra Patrón, encontramos pistas muy interesantes:

Patrón viene del latín Patronus (defensor, protector) y Patronus viene a su vez de la raíz indoeuropea –Pater[1] que da origen a palabras como padre, patria, patrimonio.

En latín medieval se introduce la idea de Patronus como cualquier arquetipo, prototipo, molde o modelo que hace la función de “padre” para reproducir ejemplares semejantes. Patronus Hospitii también es una figura medieval: El que acoge a sus huéspedes según antiguas leyes y les da seguridad y protección.

Claramente el Patrón protege y repite algo en referencia a “antiguas leyes”.

Constantemente escucho en las lecturas de Registros Akáshicos que los Patrones de “Interferencia” (así lo llaman en la escuela de Registros) o, bien, de Pensamiento, se generan en momentos “traumáticos” en donde pareciera que lo que sucede “superase” nuestra capacidad de elaborarlo. Éstas situaciones en general están relacionadas con el dolor.

Un Patrón de pensamiento va a condicionar cómo nos sentimos, las sustancias corporales que generamos y cómo armamos nuestra vivencia del instante presente.

En el momento en el que se genera el patrón, éste funciona como una hipótesis de la realidad que se instaló con una experiencia “violenta”. Fíjense que quien decide si la experiencia es violenta o no es la persona o la identidad.

El tema es que como nos quedamos “pegados” o  identificados a ésa experiencia, queremos reafirmar nuestra hipótesis en otras situaciones distintas, tratando de encajar nuestra versión de la historia en una película que ya no es la misma.

Es entonces cuando echamos mano a la imaginación y nos inventamos motivos muy especiales por los cuales estamos viviendo tal o cual situación: nos hacemos grandes fantasías que nos permitan atenuar lo más posible la intensidad de lo que estamos viviendo.

Por ejemplo, si nos tocó fregar pisos en una aldea medieval, seguramente le encontraremos un digno y heróico propósito que atenúe el supuesto “sinsentido” y dolor de estar ahí. Nosotros siempre buscamos un sentido personal a los eventos, de hecho, de allí viene la definición de la palabra

Experiencia:

Del lat. Experientia,

  1. Hecho de haber sentido, conocido o presenciado alguien algo.
  2. Circunstancia o acontecimiento vivido por una persona.

He visto, por ejemplo, que muchos de los patrones que tienen que ver con el arquetipo del “servicio” o del “siervo salvador de la humanidad” vienen de ésta manera de explicar lo que sucede. En los Registros podemos ver siempre dos aspectos de una vivencia: uno es la función que tiene que el alma esté viviendo lo que vive (es una función que se conecta con todo lo que está sucediendo en ése momento) y la otra es la forma en la que el Ego o la Personalidad interpreta ése momento (ésta es una forma de entendimiento que se separa de lo que ocurre, por eso puede “observarlo”). Esta última es la que genera la experiencia o la memoria de cómo fue vivido el evento. Es por ello que, por ejemplo, podemos tener versiones diferentes de una misma escena que fue vivida por dos personas distintas.

Volviendo al caso del Patrón del Servicio, observo en las sesiones que hay momentos en los que, ciertas situaciones, bajo los ojos del Ego, se viven como un castigo.

Si tuviera que darle voz a ése Ego diría (públicamente): “Cómo puede estarme pasando esto a mi…algo habré hecho mal, algo en mi forma de Ser esta siendo castigado por lo que sucede, por ende, echaré mano a los valores de la época que mejor me convengan para expiar mi pecado, voy a servir a mejorar el mundo.”

Pero (entre nosotros) lo que piensa y no dice es: “Quiero modificar al mundo porque en el fondo no lo aguanto como es, porque así como es, no me trata bien y yo creo que me merezco algo claramente mejor” .

Allí esta la raicilla que les comentaba. Es ése personaje que siempre quiere algo distinto a lo que sucede, ese nivel de exigencia a la vida al que le es imposible aceptar la vida tal y como es, aceptarse como vida. Es nuestro ideal de perfección teñido del color y la moral que mejor le queden al dictador de turno.

En el fondo siempre queremos controlar la situación porque queremos excluirnos de ella lo mas posible.

Pero, ¿Porqué?

Porque no estamos dispuestos a vivir una frecuencia tan intensa como el dolor.

Porque creemos que tenemos todo que perder.

Porque nos identificamos con una parte muy pequeña de la vida: una que se siente muy perecedera…por ejemplo.

Cuando me pregunto el Porqué escucho a mi abuelo diciendo “eres muy lenta, tendrías que hacerlo más rápido”, escucho también al productor ejecutivo de alguna película en la que trabajé gritando enojadísimo “¡el tiempo es oro, inútiles!”… Cuando trato de responder me recuerdo llorando por sacarme un 9.5 en lugar de un 10, me veo hoy mismo, triste de pesar 68 kilos y no 59, como me gustaría.

En el fondo es el mismo patrón que nos rige socialmente: lo que sucede, nunca es suficiente…hay que hacer cambios, hay que mejorar, hay que esforzarse por algo “mejor” y ¿Cómo hay que hacerlo? Más rápido, mejor….Aceptémoslo, es un círculo que nunca se acaba por si solo.

La vida nunca se repite dos veces.

¿Porqué nos empeñamos entonces en clasificarla?

¿Porqué le tenemos tanto miedo?

Si somos vida, ¿Qué tanto tenemos que perder?

Todos lo podemos sentir: Algo en la energía está mutando. Algo se está haciendo más veloz, más intenso, más liviano y sutil.

Y nuestros patrones son…antiguos….y protegen. Aún así, ¿Porqué no incluirlos y amarlos un poquito? Si de todas formas, allí están…son vida, también.

Parece que el mundo como lo conocemos está cambiando, y nadie quiere detener el juego de la ronda, porque tenemos pánico de asumir que no sabemos ni quiénes somos ni a dónde vamos…¿Porqué no empezar por ahí? ¿Por qué no parar un poquito a sentirlo juntos…acompañándonos?

Nos invito a dejar de protegernos de la vida.

A tratarnos bien en ésta transición, que sólo es una forma más en la que se viste la energía.

Lo peor que uno puede hacerse a uno mismo, es exigirse estar en un lugar donde uno no esta.

Y ni si quiera eso es tan grave.

Pare de Sufrir: Deje de Resistirse.

17 junio 2017.

[1] http://etimologias.dechile.net/?patro.n

 

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